
Artículo escrito por Adrian Luckman, Glaciólogo de la Universidad de Swansea (Reino Unido)
Uno de los icebergs más grandes jamás registrados acaba de desprenderse de la plataforma de hielo Larsen C en la Antártida. En los últimos años he dirigido un equipo que ha estado estudiando esta plataforma de hielo y haciendo un seguimiento de los cambios. Pasamos muchas semanas acampados en el hielo investigando los estanques de fusión y su impacto – y luchando para evitar quemaduras solares a causa de la delgada capa de ozono. Sin embargo, nuestro procedimiento principal es utilizar satélites para vigilar la situación.
Nos ha sorprendido el nivel de interés en lo que puede simplemente ser una ocurrencia rara pero natural. Porque, a pesar de la fascinación de los medios de comunicación y del público, la ruptura de la barrera Larsen C y el “desprendimiento” del iceberg no es una advertencia de un aumento inminente del nivel del mar, y cualquier vínculo con el cambio climático está lejos de ser sencillo. Este evento es, sin embargo, un episodio espectacular en la historia reciente de las plataformas de hielo de la Antártida, que implica a fuerzas más allá de la escala humana, en un lugar donde pocos de nosotros hemos estado, y que cambiará de manera fundamental la geografía de esta región.

Adrian Luckman / MIDAS, contribuída por el autor.
Las barreras de hielo se localizan en lugares donde los glaciares desembocan en el océano y el clima es lo suficientemente frío como para mantener el hielo flotante. Ubicadas principalmente alrededor de la Antártida, estas plataformas flotantes de hielo de unos cientos de metros de espesor forman barreras naturales que ralentizan el flujo de los glaciares hacia el océano, y por lo tanto regulan el aumento del nivel del mar. En un mundo en calentamiento, las plataformas de hielo son de particular interés científico porque son sensibles tanto al calentamiento atmosférico por arriba como al calentamiento del océano por debajo.

En la década de 1890, un explorador noruego llamado Carl Anton Larsen navegó hacia el sur por la Península Antártica, una ramificación del continente de 1.000 km de largo que apunta hacia América del Sur. A lo largo de la costa este descubrió la enorme plataforma de hielo que tomó su nombre.
Durante el siguiente siglo, la barrera, o lo que ahora sabemos que es un conjunto de distintas plataformas – Larsen A, B, C y D – se mantuvo bastante estable. Sin embargo, las repentinas desintegraciones de Larsen A y B en 1995 y 2002, respectivamente, y la continua aceleración de los glaciares que las alimentaban, centraron el interés científico en su vecino más grande, Larsen C, la cuarta plataforma de hielo más grande de la Antártida.

MIDAS, Proporcionada por el autor
Es por eso que mis colegas y yo comenzamos en 2014 a estudiar el papel del derretimiento superficial en la estabilidad de esta plataforma. Poco después de empezar el proyecto, el descubrimiento de nuestra colega Daniela Jansen de una fisura que crecía rápidamente a través de Larsen C, nos proporcionó de inmediato algo igualmente importante que investigar.
La naturaleza en acción
El desarrollo de las fisuras y la separación de icebergs es parte del ciclo natural de una plataforma de hielo. Lo que hace a este iceberg inusual es su tamaño – en alrededor de 5.800 km² es el tamaño de un pequeño estado de los Estados Unidos o de la provincia de Alicante en España. También existe la preocupación de que lo que queda de Larsen C sea susceptible de acabar igual que Larsen B, y colapsarse casi por completo.

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Nuestro trabajo ha destacado similaridades significativas entre el comportamiento anterior de Larsen B y el desarrollo actual en Larsen C, y hemos demostrado que su estabilidad puede verse comprometida. Otros, sin embargo, confían en que Larsen C se mantendrá estable.
Lo que no es discutido por ningún científico es que se tardará muchos años en saber qué pasará con el resto de Larsen C, al comenzar a adaptarse a su nueva forma, y mientras el iceberg poco a poco se aleja y se rompe. Ciertamente no habrá un colapso inminente e incuestionablemente no tendrá efecto directo sobre el nivel de los océanos, porque el iceberg ya está flotando y desplazando su propio peso en el agua de mar.
Some great aerial footage from @BAS_News of the rift on Larsen C! pic.twitter.com/aXyCx9QTzX
— Project MIDAS (@MIDASOnIce) February 21, 2017
Esto significa que, a pesar de las muchas especulaciones, tendríamos que esperar muchos años para que el hielo de Larsen C contribuyese de manera significativa a la subida del nivel del mar. En 1995 Larsen B sufrió un evento de desprendimiento similar. Sin embargo, se necesitaron otros siete años de erosión gradual del frente de hielo antes de que la plataforma de hielo se volviera lo suficientemente inestable como para colapsar y los glaciares retenidos por ella pudieran acelerarse, e incluso entonces el proceso de colapso pudo haber dependido de la presencia de estanques de fusión superficial.
Updated #Sentinel1 InSAR sequence shows final branching at the rift tip as it reaches within 4.5 km (2.8 miles) of breaking through to calve pic.twitter.com/6F1Bs8Zmkv
— Adrian Luckman (@adrian_luckman) July 6, 2017
Incluso si la parte restante de Larsen C fuera a colapsar, en el futuro dentro de muchos años, el aumento potencial del nivel del mar es bastante modesto. Teniendo en cuenta sólo las cuencas de los glaciares que fluyen en Larsen C, el total, incluso después de décadas, será probablemente de menos de un centímetro.
¿Es esta una señal del cambio climático?
Este evento también ha sido ampliamente vinculado al cambio climático,pero de una manera demasiado simplista. No es sorprendente porque los cambios notables en los glaciares y en las capas de hielo de la Tierra se asocian normalmente a temperaturas ambientales crecientes. Los colapsos de Larsen A y B se han relacionado previamente con el calentamiento regional, y el desprendimiento del iceberg dejará a Larsen C en su posición más contraída en los registros que se remontan a más de cien años.
Sin embargo, en las imágenes de satélite de los años ochenta, la fisura ya era claramente un rasgo destacado, y no hay evidencia directa que vincule su reciente crecimiento al calentamiento atmosférico, que no se siente lo suficientemente profundo dentro de la plataforma de hielo, o a un calentamiento del océano, que es una fuente poco probable de cambio dado que la mayor parte de Larsen C ha estado creciendo recientemente. Probablemente es demasiado temprano para culpar directamente de este evento al cambio climático generado por los seres humanos.
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Adrian Luckman, Profesor de Glaciología y Teledetección, Universidad de Swansea
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lee el artículo original (en inglés).
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